La cetrería es el arte de cazar con aves rapaces, especialmente con halcones, azores y otras aves de presa para la captura de especies de volatería o de tierra. Biológicamente se trata de una simbiosis (entre hombre y animal) en que ambas especies se benefician. Uno de sus mayores expertos mundiales, Félix Rodríguez de la Fuente, la definió como "la primera vez en que el hombre no sometió al animal al yugo y al látigo". El humano captura, liga el ave al propio hombre por reflejos condicionados, y entrena al ave en la caza y en la fidelidad. Su pájaro captura aves-presa y cuadrúpedos generalmente pequeños o medianos (conejos, liebres... hasta lobos con águilas). La cetrería fue una práctica muy extendida en la Edad Media, ligada a la nobleza y a los potentados, que tenían desde los más codiciados azores y halcones, a diminutos esmerejones (clero) y gavilanes (nobleza femenina). El 16 de noviembre de 2010, fue declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco,[1] en una candidatura multinacional de Arabia Saudita, Bélgica, República Checa, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, España, Francia, Marruecos, Mongolia, Qatar y Siria.
domingo, 27 de febrero de 2011
Cetrero Marroquí
La cetrería es el arte de cazar con aves rapaces, especialmente con halcones, azores y otras aves de presa para la captura de especies de volatería o de tierra. Biológicamente se trata de una simbiosis (entre hombre y animal) en que ambas especies se benefician. Uno de sus mayores expertos mundiales, Félix Rodríguez de la Fuente, la definió como "la primera vez en que el hombre no sometió al animal al yugo y al látigo". El humano captura, liga el ave al propio hombre por reflejos condicionados, y entrena al ave en la caza y en la fidelidad. Su pájaro captura aves-presa y cuadrúpedos generalmente pequeños o medianos (conejos, liebres... hasta lobos con águilas). La cetrería fue una práctica muy extendida en la Edad Media, ligada a la nobleza y a los potentados, que tenían desde los más codiciados azores y halcones, a diminutos esmerejones (clero) y gavilanes (nobleza femenina). El 16 de noviembre de 2010, fue declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco,[1] en una candidatura multinacional de Arabia Saudita, Bélgica, República Checa, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, España, Francia, Marruecos, Mongolia, Qatar y Siria.
lunes, 14 de febrero de 2011
domingo, 6 de febrero de 2011
Vieja Haya
El haya común (Fagus sylvatica) es un árbol caducifolio de la familia de las fagáceas de porte robusto y gran talla, que alcanza los 35 ó 40 m, con un tronco recto que lo hace muy valioso, y una copa ovalada en su tercio superior. Si el árbol crece aislado (no en espesura) cambia radicalmente, se abre muy pronto, siendo algo irregular, ramificándose desde abajo y variando mucho la copa.
Conserva la corteza prácticamente lisa durante toda su vida, de un gris ceniciento o blanquecino. Los ramillos tienen un crecimiento singular en zig-zag. Las hojas son simples, alternas en los tallos jóvenes, en los adultos salen en fascículos sobre pequeños braquiblastos, y caedizas. Son de peciolo corto, y el limbo es de forma ovalada, con el borde ondulado, en principio algo festoneado y prolongándose en un vello sedoso muy característico. Tienen los nervios laterales bien marcados y paralelos (penninervia), son de un color verde muy vivo por el haz volviéndose más oscuras en la madurez, y se disponen siempre en posición muy horizontal, captando la mayor cantidad de luz posible. Ello hace que sus bosques tengan un aspecto un tanto sombrío, casi propio de cuento de hadas, no permitiendo crecer en el suelo a apenas ninguna otra planta. Frecuentemente, sin embargo, crece en bosques mixtos con el abeto y otras especies del bosque caducifolio. A los bosques de hayas se les llama hayedos o hayales.
jueves, 3 de febrero de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
sábado, 22 de enero de 2011
Himba
Himba es el nombre de una etnia de nativos de la región árida de Kunene, en lo que en una época fue el bantustán de Kaokoland (norte de Namibia). Los himba son un pueblo semi-nómada, criadores de ganado, que están estrechamente ligados con los herero, con quienes comparten sus orígenes así como el idioma otjiherero (los herero y los himba se separaron aproximadamente hace 200 años). Los himba son el único grupo de nativos de Namibia que aún conserva el original estilo de vida que tenía desde hace siglos.
El jefe de cada tribu es además su líder espiritual. Se permite la poligamia; sin embargo el máximo de tiempo que un hombre puede pasar con la misma esposa sin atender a otra es dos noches. El sistema de administración de justicia gira en torno a reuniones de los jefes de tribus para decidir el pago de la multa a imponer; todas las multas consisten en un pago en cabezas de ganado. El asesinato de una mujer conlleva un pago mayor al del asesinato de un hombre.
viernes, 21 de enero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
Kasbah Ait Ben Haddou
Coronando un risco de unos cien metros de altura, la antiquísima fortaleza de Ait-Benhaddou aparece en el paisaje desértico como un espejismo. La huella para llegar hasta él asciende desde la huella de lo que alguna vez fue un río, y que a veces con las crecidas y las lluvias renace y da vida a los cultivos que se desarrollan alrededor del pequeño poblado, que se sostiene como un sueño más dentro de esta región.
Camino a la kasbah, el puesto de montaña del Tizi-n-Tichka es el mayor obstáculo que hay que superar cuando se toma la carretera desde Marrakech a Ouarzazate. Por sus yermas laderas surgen pueblos del mismo color que la tierra, donde los pastores beréberes aprovechan los rincones frescos para mantener algunos cultivos a la sombra de nogales y almendros. En esta región el terreno es árido y el clima y el pastoreo excesivo no dejan lugar para los bosques de cedros que abundan en las laderas del Medio Atlas, más al norte.
Una vez pasado el Tizi-n-Tichka, un desvío nos lleva al abandonado ksar de Telouét. Levantado en medio de un áspero valle de montaña, la austeridad de sus muros de adobe contrasta con el lujo decorativo de carácter andalusí de las estancias principales. El lugar se favoreció siempre de su posición trascendental cercana al paso de montaña y sus propietarios, el clan Glaui, de su relación privilegiada con el invasor francés durante el siglo XX. Tras la independencia, esta fortaleza, como era de esperar, cayó en el abandono.
Es bueno saber que tanto la carretera principal como la huella que desciende de Telouét conducen a Ait-Benhaddou, el más popular de todos los grandes recintos amurallados del sur de Marruecos.
Ait Benhaddou
El complejo de barro y piedras está rodeado por una muralla con monumentales puertas, y dentro de ella hay varias estancias y edificios muy antiguos y bellamente decorados y restaurados por las diferentes visitas de los directores de cine que tomaron este sitio como escenario para sus obras, la última que tuvo repercusión fue “Gladiator” con su pequeño circo romano alrededor.
La historia cuenta que Ait Benhaddou se hizo fuerte y poderosa en el período de las caravanas comerciales que llegaban desde el sur de África y necesariamente debían cruzar el Monte Atlas y con ello llegar hasta la fortaleza. De lejos la fortaleza parece abandonada y sin cuidado, pero también hay momentos en los que esta región se transforma en un hormiguero de gente preparando escenas para películas. Esto siempre es bienvenido por los habitantes del poblado, ya que el cine también trae trabajo para ellos como extras. Las familias de la zona nunca han vivido fuera de esta kasbah pero todos saben perfectamente qué es un director de casting y cómo conseguir un papel de extras.
Durante los calurosos días la gente del lugar casi no se ve en la calle, y parecen perderse entre las sombras de las laberínticas callejas y pasadizos subterráneos. Sin embargo, en el actual pueblo por el que pasa la carretera –muy cercano a la Kasbah-, hay unas tiendas preparadas para los turistas con ofertas de fósiles y minerales, desde cristales perfectos con mezclas de minerales distintos hasta una cantidad increíble de fósiles –que deberían cuidarse como joyas arqueológicas, pero el estado no cuenta con el presupuesto necesario, y parece que nadie aún ha tomado cartas en el asunto. En el pueblo también podrás encontrar artesanías de todo tipo: vasijas de barro, herramientas de hierro, cintos de cuero, lana, vidrio artesanal y unos cuantos pequeños tesoros más, que deberás encontrar estando allí.
Aunque el paisaje es árido y rocoso, el agua no falta. La tierra es de de poca vegetación, aunque abunda la palmera datilera, la higuera, el naranjo y limonero, entre otros árboles frutales como el almendro o el manzano. En una visión amplia del paisaje podemos ver diferentes tonalidades de rojo, según la hora del día, con sus numerosas torres fortificadas que parecen adosadas a la montaña. Si se puede, es muy aconsejable hacer una visita al torreón de la antigua kasbah, donde encontrarás maravillosas vistas panorámicas de la región con el Alto Atlas como telón de fondo. Un espectáculo único e imperdible, que te llenará de la esencia atemporal de esta tierra indómita y del modo de vida arcaico y tenaz de su gente.




